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El auge de las tallas medianas

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El auge de las tallas medianas.

La necesidad de acuñar un término que determinase a las modelos, y población en general, de talla media nació a través de una gran polémica protagonizada por una de las principales firmas de lencería a nivel internacional, Victoria’s Secret, cuando una joven Barbara Palvin pasaba a ser considerada como un ángel de la marca, eso sí, plus size, puesto que sus increíbles medidas 87-58-89, con 1,75 m de altura y 55 kg de peso, se salían del estándar de belleza hasta entonces fijado por la empresa estadounidense.

Las críticas no tardaron en inundar las redes y las revistas, ¿Cómo podía considerarse como modelo de talla grande a una persona con esas medidas?

Pero esto no fue ni el principio, ni sería el final de un movimiento que busca la inclusión de todo tipo de cuerpos, no solo en el mundo de la moda, sino en la vida real, donde la mayoría de mujeres cuentan con una talla entre la 38 y la 42, las grandes olvidadas de la industria.

Necesidad de ampliar el espectro de tallaje

A pesar de que no fue hasta el actual siglo XXI cuando la industria de la moda comenzó a incluir un espectro más amplio de tallas, no solo en los catálogos de las grandes firmas internacionales, sino también encima de las pasarelas, la necesidad de hacerlo data de hace varias décadas ya.

¿Quién no recuerda a la considerada como sex symbol internacional Marilyn Monroe?

Pues su cuerpo, con unas medidas a sus 19 años 91-60-86, con 1,67 m de altura y 53,5 kg de peso, fue considerado como gordo para el sector de la moda, aunque estoy segura de que el director de la agencia que la discriminó por esta razón no tardó en arrepentirse.

Los años 90 también son claves en esta estandarización de tallas inalcanzables, cuando empezaron a triunfar las jóvenes top models del momento, entre las que cabe destacar a Kate Moss, Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Linda Evangelista o Naomi Campbell, entre otras.

En aquel momento en el que para ser modelo bastaba con tener una imagen increíble, el estándar se basaba en la talla 0 (tallaje estadounidense), con unos cuerpos imposibles y poco saludables, donde no solo eran protagonistas las dietas, sino que en más de una ocasión intervenían las drogas, como representación de la estética grunge del momento.

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Modelos curvy, la antesala de la aceptación total de todo tipo de cuerpos

La estética imposible de los años 90 traspasó el nuevo milenio y durante la primera década de los 2000 todavía podíamos ver las pasarelas y las portadas de las grandes revistas de moda inundadas de cuerpos de la que ya se consideraba como talla estándar.

Pero no tardó en aparecer la necesidad de ampliar el rango de tallas, llevando a la inclusión de cuerpos considerados como no normativos, llegando el auge de las modelos plus size, aquellas mujeres que contaban con una talla más allá de la 42.

La industria, que por aquel entonces pensaba que ese tipo de inclusión ya era suficiente, no se estaba dando cuenta de las eternas olvidadas, las mujeres con una talla media entre la 38 y la 42, quienes, curiosamente, representan el mayor porcentaje de cuerpos.

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La necesidad de implantar una imagen representativa de este grupo fue resultado de una combinación de situaciones:

  • Auge de una solicitud, por parte del colectivo de tallas medias, a través de redes sociales, donde se demanda la desaparición de estos cánones a través de movimientos como el body positive, o la reivindicación de la diversidad de cuerpos.
  • Del mismo modo, las redes sociales han dejado latentes las solicitudes de un público que no deja de ser el principal objetivo de la industria. Y es que hasta hace unos años la comunicación del sector era unilateral y en una única dirección: las firmas presentaban sus propuestas en desfiles y revistas sin esperar la respuesta de los usuarios.
  • Aparición de movimientos instigados por mujeres de talla media, como MidSize Collective, organizado por la bloguera e instagramer británica Anushka Moore.
  • Incremento de caras visibles del sector con tallas intermedias, que lejos de instaurarse dentro de la normatividad de la talla 0, pero también fuera del grupo plus size, buscaban su sitio en la industria, como la ya mencionada Barbara Palvin u otra de las grandes representantes de la revolución in between, Jill Kortleve.
  • El nuevo paradigma actual que busca que la industria de la moda se convierta en un sector más sostenible y ético, derivado de la necesidad de las nuevas generaciones de poder elegir entre marcas que aboguen por la diversidad y que cuenten con unos claros valores establecidos, comprometidos, no solo con el medio ambiente, sino también con la sociedad.

Y todo esto se traduce en la situación actual del sector, donde el auge de las tallas medianas es sin duda una de las principales acciones que se está llevando a cabo.

Aunque aún queda mucho camino por recorrer, ya que el punto óptimo se alcanzará cuando no exista la necesidad de definir una modelo y su cuerpo en base a su talla, sino que todas sean consideradas modelos y el abanico de tallas se haya instaurado en todas y cada una de las marcas de ropa que aparezcan, o ya estén asentadas, en el mercado.

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